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3.1.11

Generación del 98 (Teatro y Ensayo)

Como recordáis ya habíamos establecido una serie de características para hablar de la Generación del 98. He aquí un pequeño resumen:
El término “Generación del 98”  fue acuñado por AZORÍN (en ABC). En ella incluye a Baroja, Unamuno, Maeztu, Valle, Antonio Machado y él mismo.
Las características generales del 98:
-         Unidos por el Desastre.
-         Se acercaron estéticamente al Problema de España (decadencia) en el símbolo de Castilla (ninguno era de Castilla). Hay tres temas fundamentales por los que analizan España: 1. su paisaje (Castilla), 2. su historia (intrahistoria) y 3. su literatura (clásicos como representación de España).
-         Evolucionan hacia el compromiso político.
-         Poéticamente destacan Machado, Valle y Unamuno.
-         Reaccionan contra la retórica anterior y renuevan el panorama literario.
-         Su estilo es sobrio, directo y muy subjetivo.
Los temas principales de la Generación del 98 son: Vida, Muerte, Sentido de la vida, Paso del tiempo (desde una perspectiva clásica, el “sentido de la vida” está influido por tintes filosóficos, propio de la reflexión del siglo XX). Son preocupaciones existenciales unamuniananas. Además, la religión, como tema controvertido en este grupo, aporta núcleos temáticos divergentes dependiendo del autor del que se trate (católicos vs. anticlericalistas).
Algunos enlaces para estudiar:


En esta entrada vamos a estudiar el teatro y el ensayo noventayochistas.

            TEATRO DEL 98

            Los dos principales caminos del teatro anterior a la Guerra Civil son dos: el comercial y el innovador, amén de teatro cómico y en verso.
El primero tiene un gran éxito de público, como teatro burgués que suele tratar con dedicación la vida de la burguesía sin crítica social. Son autores de esta corriente Arniches, Jardiel Poncela, los hermanos Álvarez Quintero, el primer Miguel Mihura o Muñoz Seca. El máximo representante del teatro comercial es Jacinto Benavente (1866-1954). Su mejor obra es Los intereses creados de 1907.
El segundo premio Nobel de la Literatura Española empezó a estrenar obras como El nido ajeno con una crítica a la burguesía, si bien no tuvo demasiado éxito de crítica, salvo Azorín. Sus primeras obras son realistas pero, con el tiempo, se va acomodando a la dramaturgia más comercial.
Su obra se suele clasificar por sus interiores:
1.      Burgueses ciudadanos: El nido ajeno (1894)
2.      Cosmopolitas: La noche del sábado (1903)
3.      Provincianos: La Gobernadora (1901)
4.      Rurales: La malquerida (1913)
El teatro innovador sigue la herencia de Henrik Ibsen[1] (Casa de muñecas). Es un tipo de teatro con menos afluencia de público, menos salas y, desde luego, menos rédito económico para los empresarios que no arriesgaban con obras que no fueran a ver una gran mayoría de espectadores. Los nombres fundamentales para entender el teatro anterior a 1936 son, sin duda, Valle Inclán y García Lorca.
El teatro del 98 surge del Modernismo y camina hacia el esperpento valleinclanesco. Consideramos dramaturgos del 98 a Unamuno, Azorín, Jacinto Grau y Valle.
Miguel de Unamuno (1864-1936), al que ya hemos visto como poeta, novelista y, en breve, ensayista, es uno de los nombres principales del 98. En teatro destaca su sobriedad, por lo que se le ha dado en llamar a su dramaturgia, Teatro desnudo. Hace dramas de tesis, es decir, obras en la que lo importante es la idea que representa el pensamiento del autor, por lo que escenografía y personajes se ven reducidos. El tema fundamental de su obra es el mismo que se recoge en novelas y ensayos: el conflicto existencial. Destacan en su producción obras como la actualizada obra griega Fedra  (1910), El otro (1926) o La venda (1899)[2].
José Martínez Ruiz, Azorín (1874-1967) prefiere un teatro antirrealista en el que navegan las preocupaciones internas del dramaturgo. Comedia del arte (1927) o la trilogía Lo invisible son sus obras más destacadas.
Jacinto Grau (1877-1958) escribe en 1921 El señor de Pigmalión, con el trasunto clásico asociado[3], como respuesta a la excesiva preocupación del teatro comercial por el dinero. Ofrece una visión existencial del teatro de su época.
Ramón María del VALLE INCLÁN (1866-1936)[4]. Ramón del Valle y Peña nació en Villanueva de Arousa en una familia noble aunque no bien acomodada. Tomo el pomposo nombre de un antepasado suyo. Más que dedicarse a los estudios prefiere inmiscuirse en los círculos literarios de Galicia, Madrid y México inventándose, muchas veces, datos de su propia biografía, animando con anécdotas varias cada café de artistas que visitaba. Es un bohemio de fin de siglo que empieza a tomar conciencia, desde su Modernismo esteta y propenso a la evasión, de los problemas asociados al Desastre de 1898.  Es el creador del Esperpento, como deformación absoluta de la realidad para, precisamente, conocer la verdadera realidad. Tuvo periodos de éxito y de polémicas con la Autoridad pertinente.
Ruiz Ramón propone varias etapas para estudiar el teatro de Valle:
1.      Ciclo mítico. Nos sitúa en una Galicia fantástica y sobrenatural como en Comedias bárbaras [trilogía formada por Águila de Blasón (07), Romance de lobos (08) y Cara de plata (22)] o en El embrujado (1913) o Divinas Palabras (1920).
2.      Ciclo de la farsa. Empieza a reflejar la sociedad de un modo grotesco. Farsa y licencia de la reina castiza (1920) donde se burla de los personajes importantes del finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
3.      Esperpento. “Inventado por Goya”, como dice Max Estrella en Luces de bohemia, el esperpento es el proceso hispánico por el cual se sublima lo grotesco, eso que parece gracioso pero que tiene un fondo de amargura y patetismo. Es un movimiento antiburgués que roza el expresionismo y critica la corrupción de una sociedad movida por el interés, el dinero… La deformación llega al lenguaje mezclando usos y giros idiomáticos de todo tipo: el modernista petulante, el coloquialismo, el lenguaje prostibulario… muy parecido al lenguaje de Quevedo en el siglo XVII. Las obras más destacadas dentro del Esperpento son Martes de carnaval [Los cuernos de don Friolera (21), Las galas del difunto (26) y la polémica La hija del capitán (27)[5]] y, por supuesto, Luces de bohemia.
Luces de bohemia (1920) es un viaje dantesco, es decir, siguiendo los pasos de Dante en el Infierno[6] , que realiza el poeta ciego Max Estrella acompañado y guiado por don Latino de Hispalis. En las veinticuatro horas que representan las quince escenas de esta obra se ve el Madrid bohemio, anacrónico, sucio, anarquista, de principios del siglo XX. El gran número de personajes representan la sociedad de la época y  muchos de ellos son marionetas del autor, ya sea como muñecos, animales o cosas. Son famosas, en este punto, las acotaciones de Valle, una prosa delicada a la par que grotesca sobre la posición y descripción de los personajes que están en escena. El estilo viene a conformar la proyección paródica de los asuntos históricos de que trata la obra a través de citas ajenas como recurso paródico donde todo es crítica y todo es criticable. [7]

EL ENSAYO DEL 98
¿Qué es el ensayo y cómo llegamos al ensayo noventayochista? Un ensayo es un texto en prosa de extensión diversa y amplia variedad temática, eso sí, con carácter reflexivo. Sus características fundamentales son la subjetividad y la estrecha relación con el contexto histórico en el que se realiza. Sus orígenes son grecolatinos en forma de diálogo filosófico, pero no es hasta muchos siglos más tarde cuando se habla de ensayo moderno con autores como Montaigne o Francis Bacon. Una reflexión subjetiva parecida al ensayo surge en España en el siglo XVI con fray Antonio de Guevara y en el XVII con Quevedo, Gracián o Saavedra Fajardo. El ensayo español actual nació, como ya hemos estudiado, en el siglo XVIII con autores como Feijoo o Cadalso. En el XIX, Larra y sus artículos costumbristas suponen el aldabonazo para el género con un tono directo y periodístico. Los principales ensayistas decimonónicos son krausistas y regeneracionistas y abogan por una modernización en España, como es el caso de Francisco Giner de los Ríos. A final de siglo los autores se centraron en el tema de España (Unamuno, Azorín),tema que no se va a retirar del ensayo español pues los novecentistas van a creer en la reforma española (Ortega y Gasset) y tras la guerra, en las décadas de los cuarenta y cincuenta, la España existencial también será un tema predilecto.
Ensayo noventayochista. Teniendo en cuenta el “Desastre”. El tema de España es el más tratado, ya sea desde las posiciones moderadas como desde las más radicales. Por encima de diferencias ideológicas, estos ensayistas creen en un carácter español representado en la sempiterna Castilla (unificadora, poseedora del alma del pueblo español). Estos ensayos contienen muchos elementos autobiográficos y pretenden establecer un diálogo constante con el lector. La preocupación sobre la identidad cultural española llevó a un análisis crítico de la historia y el paisaje de lo español. Los ensayistas del 98 son Unamuno, Azorín, Ganivet y Maeztu. Machado y Baroja, nombres fundamentales para la Generación del 98, aunque son los máximos representantes de la Lírica y la Narrativa del momento, también se pueden agrupar en el Ensayo por obras como Los complementarios (12-24) o Juan de Mairena (36) en el caso de Antonio Machado o El tablado de Arlequín (04) o Juventud, egolatría (17) de Pío Baroja. Ambos eran autores liberales, si bien Baroja se radicaliza con el tiempo haciéndose más individualista y anarquista. Esto se ven en sus ensayos pues prefiere la libertad a los preceptos.
Miguel de Unamuno. Sus ensayos reflejan, una vez más, la evolución de su Pensamiento bajo razonamientos subjetivos, lo que conforma una “autobiografía espiritual”. Socialista de joven, una crisis religiosa lo alejó de “preocupaciones externas” y lo llevó discutirse continuamente la fe y la razón. En torno al casticismo (1895) señala a Castilla como la verdadera identidad española, introduciendo en sus ensayos el concepto de “intrahistoria”. Vida de Don Quijote y Sancho (05) presenta las manifestaciones literarias de un país como la base de la identidad de ese país, en este caso, España. Se observa cierta inquina con Cervantes. Del sentimiento trágico de la vida (13) nos presenta la angustia entre la fe y la razón y lo difícil que supone dar el salto de fe. La Agonía del Cristianismo (25) es uno de los ensayos más importantes del siglo. La palabra Agonía está tomada en su sentido etimológico, como ‘lucha’, y señala el combate de fe que habita en su interior.
José Martínez Ruiz, Azorín. Parte del periodismo, por eso sus ensayos son colecciones de artículos. Su evolución ideológica es la contraria a Baroja pues sus inicios son anarquistas (el grupo de los tres…) pero termina siendo una persona conservadora. Azorín hace dos tipos de ensayo: los que tienen como tema España y los de crítica literaria. Los primeros gozan de unas grandísimas descripciones de Castilla, bien en Los pueblos (Ensayos sobre la vida provinciana), La ruta de Don Quijote, ambos de 1905, o su obra más reconocida, Castilla, de 1912, donde presenta su preocupación por el paso del tiempo. De los ensayos de crítica literaria, que son más impresionistas y subjetivos, destacan Lecturas españolas (12) o Clásicos y modernos (13). [8]
Ángel Ganivet (1865-1898)[9].  En realidad es un autor regeneracionista que murió el mismo año del “Desastre”, es difícil, por tanto situarlo dentro de la generación. Si bien sus ensayos tratan el tema de España desde la misma perspectiva que el resto de los ensayistas que estamos estudiando. El también novelista Ganivet publicó un ensayo fundamental, Idearium español (1897) que nos presenta una visión idealista en la que encuentra una identidad española basada en la independencia, el individualismo y el espíritu guerrero.
Ramiro de Maeztu (1875-1936). Es otro autor que evoluciona desde posiciones exaltadas a bases tradicionales, en concreto católicas, y que también procede del periodismo. En su ensayo Don Quijote, Don Juan y Celestina (1929), los mitos literarios son los que mejor reflejan el alma de Castilla y España. En su obra Defensa de la Hispanidad (1834) identifica los más altos valores españoles con los del catolicismo.




[5] http://findesemana.libertaddigital.com/el-crimen-del-capitan-sanchez-1276229969.html El estreno de esta obra supuso una nueva polémica con la dictadura militar de Primo de Rivera.
[6] Primer Canto de La Divina Comedia donde el protagonista cruza Infierno, Purgatorio y llega al Paraíso en busca de su amada. En el Infierno le acompaña  y guía un poeta clásico, Virgilio.

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